viernes, octubre 29

Hacedora de Alebrijes- Capítulo I- Fragmentos del 1 al 12


Los Abuelos
Escribir, según pienso, es estar en espera.
Es concebir desde las manos.
Preñarse con palabras.
Madurarlas como el fruto
y dejar que revienten en tu pluma.
No habitarlas —a las palabras, digo—
con ángeles o demonios, sólo con personas.

LECHE DE BRUJAS
1
A mí se me da pintar. Tal vez por eso rumio los sucesos, así como multiplico pinceladas al esbozar un cuadro. De ahí me nace la convicción de que a Consuelo debieron ocultarle que su abuela, el mismo día que nació, le extrajo de los pechos la leche de brujas que traía consigo.
Por saberlo, durante mucho tiempo la perturbaron las visiones imaginadas de aquélla mujer, que al quedar a solas con la niña, se inclina sobre el moisés y la saca sigilosa para depositarla sobre la cama.
Consuelo miró sin verlas, sus manos que abren con rapidez, la delicada camisa de algodón para descubrirle el pecho y apretar sin piedad los rosados pezones, que así dejaron escapar, cada uno, aquella gota de miel que la abuela exigía.
¿Eso fue todo? O acaso mancilló la virginidad de la niña como parte de aquel rito ancestral no perdido. Esto lo digo, porque hasta mí llegó la frase que le dejaron ir a Consuelo cuando se lo contaron.
La frase fue aquella de: —Eso fue lo que vi… Pero sabrá Dios, qué otra cosa te hizo.
Esas palabras persiguieron a Consuelo y creo que hasta a mí, a veces me persiguen.
Y si llegué a nombrarla leche de bruja es porque he sabido que esa gota de leche atrapada en los tiernos pezones y la exigencia de extraerla existen. De ahí que me pregunte por qué, quien presenció lo ocurrido, no se opuso a que le impusieran a la niña el nombre de la abuela. Afortunadamente no recibió solo uno.
ASI ERA LA ABUELA
2
Pero a lo nuestro. Se llamó Consuelo —Consoladora— pero también Luz igual que esa mujer de la que recibió en herencia gran parte de sus genes, esa a la que temió por mucho tiempo, en otros la hizo sentir avergonzada y de la que al fin pudo enorgullecerse.
Lo digo yo que puedo mirar hacia atrás por encima del hombro y hacer el recuento de los pasos abandonados.
Y no está mal que te cuente primero algo de la raíz, para dejar después crecer la rama.
Era la abuela de Consuelo, una mujer enorme, aunque de mediana estatura.
Altiva sin pretenderlo.
Era Luz, más también era oscura.
Con una oscuridad que no nacía de la piel. Emergía más bien de la negrura de aquéllas sus ojeras, que tan profundas eran, que lograban hundir la luz que de sus ojos salía.
Ya de mediana edad, cuando Consuelo la recuerda, su abuela Luz era mocha. Colgaba a diario el rosario del pecho, sin que esto disimulara el cimbrar de sus caderas, cuando con paso firme cruzaba el pasillo de la Iglesia.
Era indígena, más sus trenzas arrolladas en lo alto de la cabeza la coronaban reina.
Era mujer. Digno ejemplar, para el que fue su marido.
PARA MUESTRA UN BOTÓN
3
Era Don Aarón García, el abuelo, un tipo formidable. De cejas gruesas, mirada de gavilán, y la barba partida.
Era tirano y terrateniente. Cuando la abuela Luz conoció a Don Aarón, su prestancia debe haberle llegado a lo profundo, porque mirarlo y caer rendida a sus pies fue uno.
Y cómo no, si lo vio desde sus escasos catorce años y él debe haber tenido al menos veintitantos. El caso es que sólo ella supo el por qué. Lo que es cierto. Sucumbió. Y así lo acompañó el resto de los días que acumuló a su lado.
Ella, la recia, la que montaba una mula que llevaba por buen nombre Voltereta, no pretendió jamás rezongar ante su amo.
De ese vasallaje te doy por muestra este botón: A la abuela Luz se le olvidó una vez ponerle sal al plato fuerte de un día. Así que Don Aarón, le pidió con voz engañosamente suave que le pasara el salero.
Parsimonioso, quitó la tapa y vació el salero completo, sacudiéndolo,  sobre su propio plato. Luego lo revolvió lentamente y mirándola fijo, por primera vez desde que inició el ritual, pasó plato y cuchara a Doña Luz diciendo:
—Toma, cómelo. Para que no se te vuelva a olvidar ponerle sal a la comida. A ella el plato se le volvió inacabable, porque regó con lágrimas cada sorbo, y aún así lo comió, completo y sin protesta.
Aunque si bien lo pienso, me corrijo y te digo, que no la castigó él. No era mujer de permitirse errores.
Se castigó la abuela para no olvidarlo.
PARECIA MUDA
4
        Dicen que la segunda educación que se recibe es la del marido y Doña Luz Castro de niña recibió muy poca o más bien, ninguna. En su casa faltó el tiempo para educarse. En ella predominó lo aprendido al lado del marido.
Su madre murió en el parto, así que la infanta Luz, quedó al cuidado de su abuelo paterno. Poderoso arriero, dueño de recuas y demasiada tierra.
Y no digo que quedara al cuidado de su propia abuela, porque esta siguió muy pronto la suerte de su hija, así que Luz, la niña, se acostumbró a viajar por los caminos con el abuelo-arriero.
El dormir tantas noches a la intemperie y entregada al silencio, la hizo hierática. Como los ídolos de su pueblo. Parecía muda, porque pesaba las palabras y sólo las dejaba emerger ya decantadas.
Fue un estilo de vida que la hizo crecer más de prisa que corriendo.
Aún así, su destino natural, hubiera sido el matrimonio con alguien de su natal Manrubio, porque ella era costeña a carta cabal y zapoteca pura.
Pura, porque la sangre española del abuelo-arriero, sólo sirvió, para encabritarle la prosapia indígena.
ERAN DIEZ ENTONCES
5
Su sino se truncó, más que por otra cosa, por saturarse el alma de senderos infranqueables, mientras andaba en viaje, acarreando vituallas sobre las mulas.
También por esa vida errante se quedó sin asistir a la escuela.
Ni el alfabeto aprendió y mucho menos pudo hacerlo, después de conocer a Don Aarón, porque por él, abandonó el camino y se quedó en esos lares perdidos.
Y lo hizo a pesar de la oposición de su abuelo-arriero, y a pesar de la existencia, de la mujer madre de varios hijos, que era por aquél entonces, compañera del abuelo Aarón.
Como piedras de un viejo molino, hablo de una cosa y me lleva a otra.
La abuela procreó quince hijos. Catorce Doña Prima, la primera esposa.
Aquélla niña asumió en libertad el papel de la otra. Dejó entrever toda su entereza en unas agallas que no justifico y tampoco niego.
Arrimó el hombro al del Abuelo y juntos lidiaron hasta parir La Cima .
Esa nueva heredad forjada a a partir de cero, porque la finca que era suya, él la entregó a los hijos de la señora Prima, que eran diez entonces.
Sí, bien dije. Diez.
LA HERENCIA
6
El esfuerzo para alumbrar La Cima hubiera sido menor, si Don Aarón hubiera consentido en disponer del patrimonio en tierras y dinero, que les legó el viejo arriero a su mujer y a él.
Dicen que los hubiera no existen y aquí escribí dos.
Todo porque al abuelo Aarón, le resultó intolerable, aceptar esa herencia.
La dignidad no se lo permitió.
En su memoria estaba la oposición del viejo arriero, a aquél arreglo vivencial, que él tuvo con la abuela.
Ahora justo es decir, que los arrestos de ella se tomaron en cuenta.
A Doña Luz le gustaba contarlo:
Tuvo opción y decidió de tajo.
Jamás regresaría a Manrubio, a hacerse cargo de aquél, su generoso caudal.
Se lo repartieron parientes en segunda instancia, y en tanto los abuelos, siguieron como si nada, bregando para afianzar La Cima.
Perdidos en esas soledades, algunos de sus hijos, no superaron la infancia y los otros medraron,  sometidos al rigor del trabajo y a su espartana disciplina.
Dos de ellos se casaron y muy pronto resonó el piso entablado, con los pasos de los niños de Leo  y gorjearon las risas de la hija de David, Consuelo.
El abuelo fue seducido. Se ablandó.
LA PÉRDIDA
7
Don Aarón se encantó con la niña. La niña en cambio no conoció a su abuelo.
No había cumplido un año, cuando él se fue de forma repentina.
A ese señor, dueño de vidas y haciendas, a ese hombre tan fuerte, lo derribó un mal día, el más pequeño esfuerzo.
Sucede que estaban los abuelos sentados una tarde como muchas.
El corredor del piso alto daba al poniente y ellos veían caer el sol, mientras los cuervos graznaban, disputándose la fruta entre los árboles.
Reposaba el patrón de La Cima sobre  un sillón de brazos, y junto a él, la abuela remendaba algunos trapos.
Frente a ellos, sobre un mueble, estaban un martillo y un cuadro, que Don Aarón ordenó que se dejaran ahí, porque deseaba colocarlo él mismo.
Se levantó para hacerlo y empuñó el martillo.
Dio un golpe, y el hálito le abandonó, más rápido que apareció el crepúsculo aquella tarde. Fue así que el corazón dijo hasta aquí y él no pudo impedirlo.
LA CASA DE GALEANA 36
8
Siendo tan parecidos y ella una mujer en plenitud de vida, la pérdida del  abuelo Aarón, fue para Luz empezar a correr los días como cuentas de rosario.
Vivir vida de media vida.
En ese entonces, la abuela luz, además de la sazón de su edad, había adquirido sabiduría.
Tenía ahora dos nueras y no era cosa de compartir con ellas la dirección de la casa.
Su presencia, resultaría castrante para las jóvenes esposas.
Sus hijas mayores habían llegado a la edad de merecer y no quería dejarlas a merced, de uno de los muchos peones de la finca. Ya habían sacrificado años de juventud, sin adquirir roce social, ni conocimiento del mundo.
Estaban además sus hijos pequeños, Darío y Marilú, en edad de iniciar los estudios primarios y en la finca ya no quedaba nada  que la arraigara.
Ella no era mujer de visitas al panteón, o de llantos inútiles.
Así que en breve, concertó con los hijos mayores, su traslado a la ciudad, donde adquirieron la Casa de Galeana 36.
Ahí la visitarían los nietos y las nueras agradecidas.
Desde ahí, mantendría a los hijos unidos y el imperio de sus destinos.
EL TIO DARIO
9
Indispensable trazo para seguir fincando la efigie de Doña  Luz Castro, es  Darío. Fue el menor de sus hijos varones.
Nunca tuvo quince años. Cuando se fue, Consuelo tenía cinco cumplidos y desde siempre supo, que su tío tenía las manos mágicas. Si las frotaba y revolvía, desde sus dedos salían formas animales que Darío, para encantar a sus sobrinos, mutaba en sombras sobre la pared.
En la casa de Galeana 36, cada semana se reunían al menos  quince niños. En el centro del patio, había un viejo toronjal, al que cada domingo el tío Darío le sacudía las ramas.
Cuando caían los frutos, se sentaba a un lado de la fuente y con gran ceremonia,  sacaba su navaja de hoja oculta, que al desplegarse desafiaba al sol. Los sobrinos la miraban azorados, mientras  Darío repartía gajos sin guardarse uno.
Un domingo cercano a su partida, sólo quedaban frutos en las ramas altas y Darío le pidió a Consuelo, que abriera las manos. Se las puso juntas, y sobre sus palmas, confió la navaja para encaramarse. La niña desde entonces, quedó armada, ante sus primos, caballero.
CRUZÓ LA CALLE PARA SOMBREARSE
10
Llegó un domingo triste. El papá de Consuelo se encontraba postrado, y ellos no fueron a la casa de la abuela.
La matinée y su novia aguardaban a Darío, así que se negó voluntario, para indagar por el hermano enfermo, aunque cedió, cuando su madre amenazó, con asestarle un pescozón bien puesto.
Alcanzó a tomar del frutero una manzana, antes de salir por la puerta, y se fue mordisqueándola.
Bajó la calle de Galeana y dio vuelta en Hidalgo. Ahí pasó por la novia que esperaba. Caminó con ella por el lado del sol y acalorados cruzaron la calle para sombrearse. 
Al pisar la otra acera quedó la jovencita en la orilla. Tomó Darío su brazo para cederle el puesto y fue de Dios que lo hiciera. Así le salvó la vida.
Aún no la soltaba cuando a él, le asaltó la desgracia.
EL CONVENTO DE SANTA BÁRBARA
11
A cuadra y media de ahí, en el Edificio del que fuera Convento de Santa Bárbara, se ubicaba la prisión del estado.
Los reos fabricaban baúles y roperos y un preso pretendió escapar escondido. Un guardia disparó al aire para evitar la fuga. Quiso el hado adverso del tío, que esa bala le estuviera destinada y alcanzara su cabeza.
Había caminado tan poco, que alguien fue a la carrera a gritarle a la abuela que Darío cayó herido de muerte, a tres cuadras y media de su casa.
Ahí viene la abuela Luz, mal fajada, corriendo, con la melena enredada…
Enloquecida.
Cuando llega, lo ve. Se hinca y lo arropa en el  regazo.
Con el cráneo destrozado, todavía mastica el tío Darío, una y otra vez, por un simple reflejo, un trozo de manzana.
Mete ella los dedos en su boca y le saca el bocado, sosegada, para después, cerrarle las quijadas.
Nada más pudo hacer por el hijo, que bajarle los párpados y ocultar sus ojos apagados.
QUÉ CASTIGO PEDIA
12
Ya se venía diciendo que la prisión enclavada en el centro de la ciudad era un riesgo latente. Así que el funeral del tío Darío fue apoteósico.
Acudió cuanta escuela existía. Filas interminables de niños depositaron una flor, cada uno, sobre el féretro.
La abuela Luz guardó en su costurero, el periódico que describía el entierro, aunque no supiera leerlo. Consuelo lo leyó muchos años después, cuando encontró el periódico.
Ahí se narra que hasta el Gobernador acudió a dar el pésame, a la casa de Galeana 36 y a preguntarle a la doliente madre, que castigo pedía para el culpable.
Otra vez el carácter de la abuela se puso de manifiesto. Se dice que enderezó el cuerpo y lo miró a los ojos, cuando sin dudar respondió:
—Ninguno.
¿Acaso con un castigo, puede usted devolverme a mi hijo?—.

25 comentarios:

  1. .

    Querida mía, que gratísima sorpresa, encontrarte activa de nuevo... Letty cuanto tiempo ausente, cuanto se te ha echado de menos... ufff

    Sabes que cuando abrí mí blog fuiste de las primeras amistades que hice, cuando tímidamente comenzaba a publicar y hacer comentarios. Todavía recuerdo aquella pintura que me cediste para ilustrar uno de mis textos... si son recuerdos indelebles...

    Bueno ahora vengo y he empezado a leerte en esta narrativa que despliegas por fragmentos, la cual me ha traído preciosos recuerdos de mi infancia y adolescencia... gracias amiga bella y por lo que leo también te podré escuchar de viva vos... eso esta genial, una excelente idea

    Un placer volver por aquí y haber disfrutado de esta preciosa historia a la que daré seguimiento...

    Un gran abrazo y mi admiración de siempre querida amiga

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  2. El relato empieza a tomar fuerza en medio de una desgracia que viene anunciada, pero no que nos guarda el misterio hasta el próximo fragmento. Abrazos.

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  3. Mágicos recuerdos con formas mágicas

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  4. Mi querido Misionero, su voz miga ha sido una compañia estimulante para mí a través de los años transcurridos en el blog. Reencontrarlo es un honor.
    Usted también fue de mis primeros amigos y todavía recuerdo esos primeros intentos de aproximarme a través de este medio, desconocido entonces para mí. ¡¡Y fue tan gratificante!! LLegamos a estar tan cercanos, a extrañar la compañía, a hechar de menos a cada ausente!! Fue esa nostalgia la que me trajo de regreso y también la ilusión de compartirles aquí mismo mi voz. Algunos fragmentos los encontrará aquí mismo, con tan solo elegir la pestaña de "hacedora..." que aparece arriba.

    Quedo en espera de sus nuevas visitas, y le dejo aquí mi cariño

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  5. Querido Fernando:

    Hoy mismo subiré los dos nuevos fragmentos, escribo por ustedes y para ustedes, aunque debo confesar que una necesidad interior me impele.

    Dejo mi abrazo con afecto sincero

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  6. Alma mi sabia amiga, aquí te recibo emocionada y vuelo a tu casa para saber que tienes preparado para nosotros. Besos

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  7. El perfil dramático va dibujando con mayor intensidad las línea del relato y ello nos lleva a estar pendientes del próximo fragmento. Abrazos.

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  8. Gracias mi querido amigo, por tu presencia y palabras, quisiera en verdad escribir mejor y colmar tus expectativas. Un gran abrazo

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  9. Y quién dice que no escribes mejor? Abrazos y buen fin de semana.

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  10. Querida Lety,

    Hoy he leído más.
    He disfrutado sin aliento de una historia que podría ser la memoria atávica, de esta realidad mágica que de emana del continente americano.

    Gracias

    Besos

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  11. Hola querida amiga!
    Que lindo leerte nuevamente! En breve te escribiré un mail contándote algunas cosas. Me conmueve siempre leerte. Besos desde aquí

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  12. Me ha gustado mucho... muy buen texto. Prometo regresar. Hola.

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  13. Don Fernando, Gárgola, Laura y Angel.

    Perdón por estos días que nada tienen de indiferencia o falta de gratitud, estoy viviendo momentos de tristeza y adaptación a una vida sin mi gordo.
    Murió este jueves 11 del 11 a las once de la mañana. ¡Entenderé este simbolismo?
    Volveré casi seguro que mañana con un nuevo texto.

    Todo mi cariño para ustedes

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  14. Amiga mía: me permití escribirte unas líneas en CLARA. Abrazos.

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  15. Lety, mi querida amiga... No valen las palabras, no, es de alma a alma.

    Sólo espero que los sentimientos sigas volcándolos y enlazándolos con los nuestros.

    Besos grandes y mi corazón para ti.

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  16. Don Fernando amigo mío voy para Clara a leer tus palabras de consuelo y para agradecerte también.

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    Ani, mil gracias desde mi corazón dolorido por tu palabra, una sola que trae paz.

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    Miguel amigo mío, tu visita es bálsamo que cura.

    Estoy aún en el novenario de mi gordo querido, pero pronto volveré para encontrarle en las palabras, tú sabes que es posible.

    Te dejo mi cariño y gratitud

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  17. .



    ...querida amiga mía, vengo y me encuentro que estás de luto, lo que menos podía imaginarme es que tu Gordo se hubiera marchado tan súbitamente al oriente eterno, lugar al que tarde o temprano todos iremos a ocupar nuestro lugar... simplemente estamos en lista de espera... Pero sé que saber eso no nos consuela del todo, por tanto amiga querida, aquí te expreso mis sinceras condolencias... en este momento tu pesar y dolor es mi dolor... se fue un días después de mi cumpleaños... eso no lo olvidaré... el once es la doble unidad... (¿será acaso una triple doble unidad entre el y tú? Dios nuestro Padre es sapiente y a su sabiduría y amor debemos confiarnos... Permanezca grato en tu memoria su recuerdo imperecedero...

    un fuerte y cálido abrazo en el cenit de este momento

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  18. Ay!! Letty, vengo con tristeza a visitarte me enteré de tu pérdida por mi amiga Alhamí... y aquí vengo amiga a darte ánimos y a manifestarte mi solidaridad espiritual... sé lo duro que es perder a un ser amado... por eso quiero decirte una vez más que estoy contigo y que sigo estando cerca, nunca lejos

    Desde la costa caribe te envío mi cariño y mi corazón con sus puertas abiertas de par en par

    Naty

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  19. Permitame expresarle mi pesar por la pérdida de su esposo, pérdida de la cual me estoy informando en este momento mi estimada señora... entiendo perfectamente y ruego que pronto su espíritu encuentre consuelo en los felices recuerdos que seguramente nunca le abandonaran y en el amor de su amada familia...

    Un fraternal saludo y mis respetos

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  20. Hola Lety:

    Te escuché y te leí completa, también, cosa rara en mí, leí los comentarios, y por ellos me enteré de la muerte de tu esposo, sé que han pasado algunas semanas, pero también sé que aunque pasen años el recuerdo de él permanecerá inalterable y, posiblemente, el dolor ceda poco a poco hasta que la serenidad y la sonrisa regresen con su imagen.

    Te mando un fuerte y cálido abrazo, y pongo mis manos en la pantalla por ti.

    Cuídate mucho y continúa escribiendo, narrando, que tus letras y tu voz sean el canal que permita fluir todo.

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  21. Hola Lety... Es pero que estés bien. Vengo a saludarte con motivo de la entrada del nuevo año... hermosas lecturas as que he venido escuchando, muchas gracias

    Le dejo un gran abrazo y espero verle de nuevo por la palestra de mis dibujos

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  22. Lety,paso despues de mucho tiempo, escuchó tu voz,oyendote me parece estar a tu lado. Pero enmudezco al leer la noticia de tu pérdia, amiga quedo en silencio a tu lado, no encuentro palabras.
    Un abrazo.

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  23. Querida Lety:

    Soy pésima o excelente lectora, al no poder comentar durante meses, "Leche de brujas", pese a haberlo oido y leido, varias veces. Me ha conmovido profundamente; puedo ser pésima lectora al no guardar la conveniente distancia entre lo literario y la vida propia; y excelente, al introducirme tanto como personaje del relato. Hubo una bruja no consanguínea, muy cerca de mí, desde antes de mi nacimiento y gran parte de mi vida; no sé si lo he dicho, era la amiga de mi mamá que la dominaba mediante la superstición. Ha sido mucho todo lo destructivo de ella hacia mí, disfrazado a veces de palabras que se contradecían intensamente con el tono de su voz y la expresión de su rostro. Hubo intrigas, una sucesión increíble de mentiras y enredos. Hubo una época en que viví un gran temor al poder diabólico relacionado con ella; felizmente, se esfumó "al poner pie en tierra firme", en el Amor de Dios.

    Cuando te llamé, me vino una picazón a la garganta que me ocurre muy pocas veces. Tal vez, había mucho polvo en la habitación y el peregrinaje telefónico de una operadora a otra, suscitó mi ansiedad.

    Un cariñoso abrazo.

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  24. Buenosdías, mi hermosa amiga. Pronto despertarás del sueño diario que el organismo nos regala...
    He navegado por tus pensamientos escritos y hablados y he sentido paz en el ritmo sonoro de tu timbre. Sé que Dios te me ha regalado y quiero cuidar esta amistad, quiero cuidar tu cariño.
    Y si por un QUIZÁS ó un TAL VEZ nos veamos algún día,mientras tanto. Quisiera estar a tu lado en esta espera.
    Te quiero preciosa.

    ***Que "gordo más bello" y que hijos tan lindos... Tu amiga Elvira

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